La persona adicta tiene dos características fundamentales: obsesión por su droga de preferencia y compulsión al consumirla. Asimismo, su enfermedad se caracteriza por el autoengaño, que le impide aceptar que la padece, así como por la negación de que sus problemas y consecuencias están relacionados con su consumo. No sabe que está enferma, por lo que llega a creer que es inferior a los demás y que sería inútil intentar vivir sin la o las drogas. También vive convencida de que no necesita ayuda, o bien, que nadie podría ayudarle. Percibe a los demás y a su mundo a través de una mente intoxicada, por lo que el esfuerzo de las personas que le rodean no penetra de manera objetiva y racional.
Ningún ser humano desea intoxicarse para hacerse daño y herir a las personas que más ama. La intención es huir del dolor, manejar sus emociones, o incluso llegar a drogarse para sentirse "normal". Evidentemente, el resultado es inverso: sufre todavía más, sus emociones están absolutamente alteradas y se siente "anormal". Estas personas son víctimas de una enfermedad poderosa que afecta a millones de personas en el mundo y que difícilmente pueden ser ayudadas directamente por sus familiares o sus amigos.
Para muchas personas alcohólicas y adictas a las drogas, el paso más difícil ha sido el de admitir que tienen esta enfermedad y aceptar ayuda. Cuando esto sucede, su proceso de recuperación se inicia. El camino fácil es ponerse en manos de profesionales que comprenden y comparten su experiencia para recibir las herramientas y conocimientos necesarios que mejoren su calidad de vida. El camino difícil es intentar hacerlo solo, probándolo sin éxito una y otra vez.
