Espiritualidad y adicción

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Espiritualidad y adicción

                                 ESPIRITUALIDAD Y ADICCIÓN
La espiritualidad es un factor esencial en el estudio de la adicción; está íntimamente relacionada con la mera raíz, con la naturaleza misma de la adicción. Todo programa para el tratamiento de adicciones tiene que apoyarse en la espiritualidad para poder tener éxito; éste es otro hecho ignorado por los profesionales de la medicina que comparten la opinión que todos estos programas no tienen base sólida; sin embargo, envían a sus clientes a ellos, sin respetar la dimensión espiritual, pensando que cualquier cosa es mejor que continuar alcoholizándose.
Es decir que existe este tipo de actitud condescendiente a pesar de que los programas de 12 pasos ofrecen un servicio altamente efectivo que ayuda a muchas personas en todo el mundo. Otro punto que es ignorado es el hecho que estos programas de 12 pasos constituyen además un sistema de comunidades espirituales muy exitoso, de apoyo mutuo, que están vigentes por más de medio siglo y que han logrado evitar los errores y los escándalos que han destruido a muchos grupos religiosos y lastimado a otros, incluso a la iglesia cristiana.
David Steindi-Rast, un monje benedictino, señala sobre espiritualidad y adicción; sus primeros comentarios fueron que, en su opinión, la organización AA (Alcohólicos Anónimos) se parece más a la iglesia que Cristo hubiese querido ver que a lo que se ha vuelto la iglesia cristiana actual. La  creciente popularidad de de programas, no sólo el AA o NA (Narcóticos Anónimos), sino que se ha extendido a otras áreas como el sexo, las relaciones, la obesidad, el juego, la codependencia, etc. Quizá haya más de 200 tipos de estos programas.
Para el tratamiento de adicciones, la espiritualidad es básica; aquí radica el cisma entre los programas de 12 pasos, en su mayoría administrados por para-profesionales, con raras excepciones, y la comunidad académica; generalmente ésta rechaza el énfasis de estos programas en lo espiritual. Por eso creo que es importante clarificar el tema de espiritualidad y reformularlo de manera que sea compatible con lo mejor de la ciencia, es decir, crear un tipo completo de tratamiento que incluya a la espiritualidad en vez de tratarla como algo extraño.
Para realizar esto se necesita definir la espiritualidad como algo que no está conectado con, ningún credo, iglesia o afiliación religiosa, sino más bien simple mente como un “poder más alto” o como Dios en la forma en que uno lo pueda comprender. Muchos de los puntos señalados en los programas de 12 pasos están perfectamente apoyados por las investigaciones modernas sobre los estados de conciencia, así como por la psicología transpersonal.
La psicología transpersonal sostiene que todo ámbito de interacción humana puede convertirse en un espacio propicio para el crecimiento de sus protagonistas. Numerosas investigaciones en todo tipo de entornos (familiares, educacionales, empresariales) han demostrado que aquellos espacios en los que se aplican los principios del Desarrollo Personal e Interpersonal se convierten en terrenos fértiles para el aprendizaje, la excelencia profesional y ética, la salud, la productividad y el progreso individual, organizacional y social. Por el contrario, se ha demostrado que los ámbitos no – humanizados además de dificultar la realización de logros individuales y grupales son generadores de frustración, enfermedad y deterioro social. 
Encuadrada en el movimiento de la Psicología Humanista, la corriente Transpersonal comparte la visión esperanzada del ser humano que tiende a su autorrealización, no como individuo sino con recursos saludables para su desarrollo óptimo a través de la integración cuerpo, mente, emociones y espíritu, así como para la convivencia sana con su entorno social (familia, pareja, comunidad, trabajo, etc.).
A Carl Gustav Jung se le considera como uno de los antecesores de la psicología transpersonal. Jung fue también el antecesor de AA y desempeñó un papel crítico en el desarrollo de los programas de 12 pasos. Esto está demostrado por su correspondencia con Bill Wilson. Lo que encontramos en esta correspondencia es que Wilson dio crédito a Jung en este sentido; aquí cito dicha correspondencia:
“Como Ud. verá claramente, esta cadena de sucesos increíbles comenzó hace mucho tiempo en su cuarto de consultas, directamente basada en la humildad y profunda percepción suyas; le aseguro que tiene Ud. una posición predominante en los afectos y la historia de nuestra comunidad. Con mucho agradecimiento, William Wilson”
El inicio de la cadena de sucesos a que se refería, es el caso de un paciente alcohólico que tenía Jung, mencionado como Roland H. Tuvo éste una recaída; volvió a Jung, el cual le dijo esencialmente que no podía hacer nada más en su favor, que su caso no tenía solución y que su única salida era unirse a una comunidad religiosa o espiritual donde pudiera exponerse a una experiencia espiritual directa.
El paciente se unió entonces al llamado Grupo Oxford que tenía un énfasis de entrega total, de confesionalismo, muy similar a los programas de 12 pasos; allí tuvo su experiencia. La transmitió a amigos de su círculo, siendo uno de ellos Bill Wilson, quien a su vez tuvo una experiencia espiritual propia muy intensa en la habitación del hospital donde se encontraba, éste último tuvo la gran suerte de estar bajo el cuidado de un profesional comprensivo que no le puso etiquetas patológicas sino más bien le ofreció gran ayuda y apoyo. Así fue la historia de esos contactos donde Wilson tuvo la idea de crear el AA.
Lo más interesante para nosotros en este contexto es el cambio que ocurre en personas esencialmente ateas que experimentan una conversión religiosa; un caso donde esto aparece es en los sermones de John Wesley cuando describía el cielo y el infierno causando conversiones en algunos de los feligreses. William James estaba muy al tanto de la importancia de la relación entre el alcohol y la espiritualidad, así como de las conversiones religiosas y el impacto que pueden tener en las personas con adicciones.

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